viernes, 23 de enero de 2009

Cultura Indigena en los Pueblos de¨México

Profesor Martín:
Espero que este bien mi trabajo.
respetuosamente
genaro ramírez fernández


Es sabido que México es una nación multicultural. Esto se manifiesta, entre otras formas, a través de la gran diversidad de pueblos indígenas que existen. Desafortunadamente, estos no cuentan con un pleno reconocimiento institucional y lo peor es que incluso sufren una gran discriminación social.

La cultura indígena mexicana es profundamente compleja y amplia. Eso ocasiona una falta de comprensión por parte de otros grupos sociales y raciales. El resultado de esto es una sociedad mexicana efectivamente pluricultural, pero muy dividida y contrariada por esa misma diversidad.

A su vez esto ocasiona problemas sociales y económicos graves para nuestro país.
Con este trabajo quiero hacer una reflexión sobre el verdadero lugar que tienen estos pueblos y su cultura en la sociedad mexicana actual más allá de discursos idealistas o hipócritas y de las buenas intenciones.
Desde su constitución política, México se define a sí mismo como una nación pluricultural, en reconocimiento a los diversos grupos sociales que habitan en su territorio.

En la actualidad en México, se usa el término indio y sus derivados, como indígena, para designar a los individuos pertenecientes a los pueblos originarios de América.
El hecho de que también sea empleado a modo de insulto entre y por los grupos centrales de las sociedades latinoamericanas se refiere a un conjunto de personas que se ubican en la periferia de la estructura social. Llamar a una persona indio es equivalente, en ciertos contextos, a calificar a una persona como pobre, ignorante, gente sin razón.

De manera muy general se puede decir en la mayor parte de la población que en México no existe, en sus habitantes un buen conocimiento sobre la gran variedad de pueblos y culturas que conforman nuestra nación.

Cristóbal Colón llegó a América el 12 de octubre de 1492 y, tras desembarcar en las Bahamas, creyó haber llegado a alguna isla cercana a la India. Llamó indios a los pobladores de la isla, aunque en realidad se trataba de taínos. “Lo que no imaginaba Colón es que al bautizar a los habitantes de Guanahaní con ese nombre —y luego hacerlo general para todos los habitantes de las islas y tierra firme que fue pisando en sus viajes— también estaba bautizando a innumerables pueblos de los cuales probablemente nunca tuvo noticia. Entre estos pueblos desconocidos están los mesoamericanos, oasisamericanos y aridoamericanos —y los descendientes de todos ellos—, pobladores del territorio que en la actualidad conocemos como México.”[1]

Los indígenas no aceptaron fácilmente la autoridad de la Nueva España y el predominio blanco y mestizo sobre sus tierras, sino que emprendieron numerosísimas rebeliones durante su historia. Pero el Virreinato supuso una convulsión gigantesca en la forma de vida indígena, con nuevas relaciones de poder, una economía y alimentación diferente y una religión diferente.
Siglos más tarde, ya en el México independiente, pero en conflicto por la revolución social de 1910, son los indígenas y campesinos los que más sangre y vida dieron para alcanzar sus ideales de tierra y libertad. Ellos pelearon pelearon con valentía y heroísmo sin temor de perder más que la propia vida. Pero después de esa revolución tampoco hubo tierra ni libertad para los indígenas y campesinos. Los que asumieron el poder a nombre de la revolución después del asesinato de Emiliano Zapata también se olvidaron de los indígenas.


El gran reto indígena dentro de la sociedad mexicana es lograr su integración y elevar su nivel de vida sin perder su cultura, un objetivo ampliamente publicitado por los políticos y medios nacionales sin verdaderos efectos prácticos. A cinco siglos de la Conquista y dos de la independencia, las exigencias de la población indígena siguen intactas

“Una importante proporción de los indígenas mexicanos mantiene un alto grado de identidad propia, y habitan en pueblos y comarcas que se consideran "indígenas". Efectivamente, existe una presencia indígena importante en las localidades del país”[2].

Dentro de esta ignorancia social, los pueblos indígenas sufren una especial marginación social. Tal marginación se manifiesta en primer lugar en las condiciones sociales en las que viven todos estos grupos sociales. Salvo escasísimas excepciones de individuos, no existen indígenas de clase media. Todos estos pueblos sin excepción se encuentran en la pobreza.

Paradójicamente, su cultura tanto o más rica que la de otros grupos sociales más cercanos al modelo de vida predominante. El impresionante contraste entre el mundo indígena y el mundo occidental genera una distancia natural donde se impone el poder. Este mundo occidental, a grandes rasgos, se basa en el consumo y el ascenso socio-económico. El mundo indígena es radicalmente distinto. Por ejemplo, se sabe de la existencia de más de sesenta lenguas o idiomas indígenas, así como de una concepción de la vida que no tiene principio ni fin. La idea indígena de la muerte es muy distante de lo que normalmente significa la muerte para nosotros. Finalmente, la idea de tiempo de los pueblos indígenas es muy diferente de la nuestra.


Aún hace falta trabajar para reconocer los otros elementos que conforman nuestra identidad nacional. Se podría empezar por el respeto hacia la población indígena y sus costumbres. A nivel político deberían hacerse leyes especiales que puedan coexistir con ciertas formas de gobierno indígenas.

Los Pueblos Indígenas se gobiernan desde hace mucho tiempo, y lo hacen aprovechando las formas que les permiten leyes y autoridades civiles. Muchos Municipios Indígenas son gobernados por indígenas y sus cabildos, y tienen al frente sus propias autoridades tradicionales que asumen formas modernas de gobierno.

Los Pueblos Indígenas han participado, de muy diferentes formas, en comunidades políticas más amplias o en sectores de población que los han amparado como parte de un grupo social mayor. Estas distintas maneras de participación han afectado, modificado y adaptado sus propias concepciones culturales, sus usos y costumbres, sus formas de gobierno y el tipo de relaciones que han establecido con la sociedad nacional.

Reconocer que hay más de 12 millones de personas que son indígenas, quienes poseen alrededor de la quinta parte del territorio nacional, que sus recursos naturales son uno de los orgullos de México, nos habla de su decisión de ser mexicanos y de permanecer con sus propias identidades y culturas. Pero son mexicanos iguales, son mexicanos Kikapús, Mayas, Tzeltales, Tzotziles, Mixtecos; viven en pequeñas localidades y en las ciudades. Están en casi toda la República, pero muchos no los ven.
Ellos nunca han dejado este país. Sus patrimonios naturales, sus propiedades, sus conocimientos y sabidurías, sus esfuerzos en el trabajo, y el dinero que ganan, están a disposición de sus familias, de sus comunidades.

Para lograr ser reconocidos, en ocasiones ha recurrido a la violencia. Pero, la mayoría de las veces el apego a la ley y el diálogo han sido los instrumentos de la lucha por el acceso a espacios de poder en los Estados y los Municipios; o por la instauración de autogobiernos basados en sus tradiciones políticas; o en su reconstrucción cultural; o en el hecho de creer que esa forma es mejor que la que han vivido.

“Los indígenas mexicanos están en situación de desigualdad relativa frente al resto de la población, en cuanto al goce de servicios del Estado, sufriendo en condiciones deplorables de empobrecimiento, acceso a servicios sociales y salud. Asimismo, resalta en los análisis oficiales, que pese a que los municipios indígenas son un tercio de los municipios del país, representan "alta marginación".[3]

Los gobiernos tienen que reconocer los derechos de los Pueblos Indígenas a la propiedad, control y la protección de su patrimonio cultural, artístico, espiritual, natural, tecnológico y científico, y a la protección legal de su propiedad intelectual y de la biodiversidad de los espacios que habitan. Han sido creaciones propias, son sus maneras de relacionarse con la naturaleza y de resolver su pertenencia ancestral a este mundo.


Desde 1992, México se reconoció como una Nación pluricultural y, en el año de 2001, la Reforma Constitucional llevó a la aceptación de Derechos de los Pueblos Indígenas.


Los Pueblos Indígenas de México quieren sobrevivir como Nahuas, Tzeltales, Zapotecos, Mazahuas, Yaquis, Mixtecos, Mayas, Chatinos, en sus tierras originales, o en cualquier estado de la República, con dignidad y en armonía con los demás mexicanos. Los indígenas quieren mantener su identidad espiritual, conservar sus dioses y templos, sus maneras de hablar y de pensar, su forma de ser mexicanos; quieren hacer realidad la posibilidad de vivir en una Nación que los apoye y respete.

Por eso innumerables conflictos que existen en las Regiones Indígenas son asuntos prioritarios. Los Pueblos reclaman que la dignidad y diversidad de sus culturas, tradiciones, historias y aspiraciones, se reflejen debidamente en todas las formas de educación e información pública. Al mismo tiempo, exigen a los Gobiernos Federal, Estatales y Municipales que los consulten y que obtengan su consentimiento, con libertad y conocimiento, antes de aprobar cualquier proyecto que afecte sus tierras, territorios y otros patrimonios naturales.

Exigen, igualmente, el cumplimiento y respeto de sus Derechos Humanos, así como la adopción de medidas eficaces para combatir los prejuicios y la discriminación y promover la tolerancia, la comprensión y las buenas relaciones entre los Pueblos Indígenas y todos los demás sectores de la sociedad.

La Nación Mexicana, presenta un panorama social altamente diversificado. Los Pueblos Indígenas son quienes más contribuyen con su patrimonio a la riqueza de la nación. Estos Pueblos están integrados por más de 12 millones de personas aproximadamente, que constituyen más de la décima parte de la población mexicana, distribuidos en cerca de 20 mil localidades a lo largo y ancho de la republica mexicana, representan la mayor riqueza de la Nación y son los que más aportan en recursos humanos, naturales, territoriales y culturales, a pesar de ser los más pobres de los mexicanos.

México ocupa el uno de los primeros lugar en el mundo, entre los países con la mayor cantidad de Pueblos Indígenas. En México se hablan más de 100 lenguas aproximadamente, de las cuales los Pueblos Indígenas aportan a esta riqueza cuando menos 60. Nuestro país tiene una superficie de casi 2 millones de kilómetros cuadrados. Los mexicanos indígenas poseen, en las regiones en las que viven, una superficie que abarca la quinta parte del territorio nacional.

Las principales presas hidroeléctricas del país: La Angostura, Malpaso, Chicoasén, Aguamilpa y Presidente Alemán se ubican y abastecen de agua de los territorios indígenas.

Los ejidos y comunidades agrarias en Municipios Indígenas tienen en propiedad el 60% de la vegetación arbolada, principalmente de bosques templados y selvas húmedas y subhúmedas.
Los Pueblos Indígenas aportan el 67% de su población ocupada a las actividades agrícolas, mientras que el resto de la nación sólo colabora con menos del 22%.

Las principales áreas naturales protegidas se encuentran en Municipios Indígenas. Muchas de ellas, son territorios sagrados y ceremoniales, con zonas arqueológicas que los Pueblos Indígenas reclaman como suyas.


Hoy nadie puede negar la presencia viva de los Pueblos Indígenas, sus aportes y soluciones a los problemas del mundo moderno. Nadie debe aceptar hoy el dominio de un pueblo sobre otro. Quien lo hace no reconoce al otro como igual. Por esta razón cada uno de los Pueblos Indígenas busca la igualdad de oportunidades, exige el derecho a administrar sus propios asuntos, comunitarios, regionales o nacionales. Cada integrante de un Pueblo Indígena espera ser tomado en cuenta en el diseño de las políticas públicas que le atañen.

Si los países del mundo, o, si la Nación mexicana no acepta a sus Pueblos Indígenas de manera plena, si cada uno de sus funcionarios, los ciudadanos y sus familias no reconocemos a los Pueblos Indígenas en cada momento de nuestra vida como mexicanos, no solucionaremos los problemas que actualmente vivimos. Las decisiones de los indígenas y sus gobiernos deben ser acatadas por los no indígenas con base en el diálogo y el respeto pero, sobre todo, con la firme convicción que somos iguales



Sin duda, cada una de las muchas culturas aportará distintas soluciones a los diversos problemas de la Nación. Con esto quizá estemos en posibilidades de ser más democráticos o de dar pasos adelante en la construcción de una democracia que reconozca la diversidad cultural.
[1] De internet en: http://es.wikipedia.org/wiki/Pueblos_ind%C3%ADgenas_de_M%C3%A9xico
[2] De internet en: http://www.cidh.oas.org/countryrep/Mexico98sp/capitulo-7.htm

[3] De internet en: http://info5.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=278

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